Camino a la aceptación

 
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Mi amigo Marco Antonio, conocido locutor, presentador televisivo y activista público en causas de bien general, entre otras cosas, ha estado pasando por momentos muy difíciles en su vida personal. Su querida madre, doña Irma, quien padecía de alzhéimer desde hace muchos años, finalmente fallece después de 2 semanas de agonía.

Marco, quien tuvo una relación muy estrecha con su madre, que permanentemente agradece la presencia de ella en su vida, estuvo en este último mes compartiendo en las redes sociales los momentos más  íntimos de la partida de la persona más importante para él , usando sus emotivas palabras “no solo se va mi madre, se va mi coach, mi amiga, mi hija”.

En esos momentos tan duros y difíciles de enfrentar, Marco Antonio, decidió exteriorizar su dolor y participar, a sus cientos y cientos de miles de seguidores, de su experiencia con este dolor. Lo hace de una forma valiente y vulnerable al mismo tiempo.  Lo hace con el propósito, de no solo exteriorizar sus sentimientos, pero de ayudar a otros a prepararse y enfrentarse a la muerte o pérdida de los seres queridos. Todos sabemos que en forma inexorable ese momento llega, la realidad es que nunca o muy pocas veces estamos completamente preparados.

En este podcast, que se dio en forma orgánica y sin una agenda previa, hablamos de las pérdidas, de las ideas que nos hacemos cada uno de lo que esto significa en nuestras vidas y que nos puede ayudar a salir adelante. Como en todos los casos, cuando nos embarcamos en el camino de ayudar a otros, inevitablemente terminamos ayudándonos a nosotros mismos.

En este podcast cada uno de nosotros de una manera autentica, genuina y sin filtros expresamos nuestros sentimientos, penas y experiencias con el deseo de convertir este dolor personal en una enseñanza para otras personas.

A través de mis propias vivencias y mi experiencia como coach de vida y consejera espiritual, he tenido la oportunidad de trabajar de manera muy profunda con muchas personas que, de una u otra forma, tuvieron que enfrentar el dolor por la pérdida de los seres queridos; a veces en forma trágica y traumática.

Quiero agregar que, si bien estamos hablando de la muerte física del ser querido, también esto sucede cuando perdemos la presencia en nuestras vidas de alguien muy amado.  La pérdida no reconoce fronteras, ni distingue entre razas, genero, colores o religión. El dolor es universal, pero la forma en como cada uno de nosotros lo enfrentamos, llevamos y transformamos, se vuelve en un proceso totalmente personal.

Basado en la psicología espiritual podríamos decir que el sufrimiento es opcional. En mi libro del Perdón The Real Meaning of the F Word”, Forgiveness as a Path to Freedom, que en breve estará disponible también en español, “El Perdón como camino a la Liberación”, explico que a través de dejar ir y soltar los juicios y las historias que creamos alrededor del hecho, podremos transformar el sufrimiento en dolor.

¡Juzgarse por no superar o incluso por superar!  estas etapas causan más de lo mismo y se termina creando más sufrimiento. Las etapas del duelo han sido bien documentadas por autores como Elisabeth Kübler-Ross y David Kesslery como así también por otros especialistas del tema.

Podemos decir que la mayoría de las personas pasamos de una u otra forma por 5 etapas: Enojo, Negación, Negociación, Depresión y Aceptación.

Es importante tener en claro, que no necesariamente tienen un orden, y pueden darse en distintas formas de acuerdo al individuo. Como así mismo, quedarse en una de las etapas por mucho tiempo o volver a repetirlas. Cada uno tiene su propio proceso y su propio tiempo.  También es bueno recordar que el proceso de sanación no es algo que podemos forzar. Si bien con herramientas apropiadas nos podemos ayudar, la sanación es un proceso no un evento y es importante respetarlo.

Dentro de las etapas más reconocidas del duelo, hay distintas características o distinciones. Enojo, con la persona que se va, con Dios, con las circunstancias, con la vida, con uno mismo, etc. La etapa de la Negación, en la cual se tiende a negar lo que ha sucedido y se resiste al hecho de lo que está sucediendo. La Negociación, que es tratar de negociar de una u otra forma con Dios, con la vida, con las circunstancias., como si de alguna forma pudiésemos cambiar el resultado de lo sucedido.  Sigue la Depresión, en la que se pierde el entusiasmo y a veces también el “joie de vivre” (alegría de vivir). Finalmente, la Aceptación, y acá quiero hacerles una importante distinción.  Muchas personas demoran toda una vida para llegar a la aceptación, y cuando lo hacen, lo hacen desde la resignación. ¡Gran diferencia!

A través del estudio de los casos con los que he trabajado y de la literatura he llegado a la conclusión de que la “resignación” es una “seudo-aceptacion. “Cuando nos resignamos, lo hacemos desde un lugar de no tener otra opción, “no me queda otra”, “que le voy a hacer”, “llevo mi cruz, mi propio castigo” etc…La aceptación, es estar en paz finalmente sin necesidad de que nos tenga que gustar o no lo que ha sucedido. Es un proceso de entrega genuina a Dios, al Universo, a nuestro ser Superior, sin necesariamente entender el porqué de las cosas que suceden, pero desde un lugar de aceptación pleno que nos conducirá a la paz.

¡¿Pero cómo llegamos acá?! ¿Cómo aceptar sin caer en la resignación?

Muchas veces lo que nos hace difícil el proceso de aceptación son las historias que “creamos y creemos” en nuestra mente de lo que sucedió.

Por ejemplo, si lo que sucede, lo veo a través del tinte de los lentes de mis historias y miedos, es más difícil llegar a la aceptación genuina. En el podcast, Marco comentaba acerca de su sentimiento de abandono. Yo por mi lado nombraba mis eternos miedos de perder a mi familia. Si los hechos los vemos con esos lentes, todo cambia. Por eso es tan importante ver los hechos separados de las historias que nos auto creamos.

Podemos sentir abandono, pero no lo es, podemos sentir pérdida de la familia, pero no lo es. Es muy importante tener en cuenta que el dolor intenso que sentimos es también provocado, no solo por la muerte o desaparición de esa persona de nuestras vidas, sino de lo que pensamos, creemos, sentimos que murió dentro nuestro con esa pérdida.

Cuando experimentamos estos dolores, sucede a veces, que actúan como disparadores de asuntos que están dentro nuestro y no han sido completamente resueltos. Son distintas capas del dolor y es una oportunidad para curar una vez más viejas heridas y dejar las historias que hicimos en nuestras mentes acerca de lo que sucedió.

Muchos de mis clientes me preguntan, ¿cómo realmente podemos estar en un estado de aceptación?  ¿qué puedo hacer para acelerar el proceso?

Si bien, como decía antes, los procesos son individuales y no hay que apurarlos, es importante utilizar herramientas que nos ayuden y nos conduzcan a ese lugar de paz y calma que llamamos aceptación.

Una vez que hemos dejado ir la historia que nos hicimos, (“me siento abandonado”, “no soy nadie sin mi familia”, “es una injusticia”, “me lo merezco”, “es la historia de mi vida” etc.) y que, le agrega dolor al hecho y lo convierte en sufrimiento, les sugiero utilizar estas etapas.

A esta técnica que he desarrollado le llamo las 4 R’s. y las pude aplicar, no solo en mí misma, sino también con cientos y cientos de personas que han experimentado perdidas.

Las 4 R’s son:

  • Resistencia
  • Renovación
  • Reflexión
  • Ritual

            Resistencia, esta etapa significa estar dispuesto a dejar ir la lucha. La Resistencia bien entendida es fuerza, entereza, hay que resistir para seguir luchando, dicen muchos, hay que resistir, no debemos renunciar… Pero a veces hemos internalizado la Resistencia como medio de supervivencia. Lo importante es reconocer que estamos resistiendo y que la lucha interna no nos ayuda. Imagínense que van a hacerse un masaje y en vez de entregarse a las manos del masajista en forma relajada, lo luchan, están tiesos, resistiendo. Para poder entregarse, hay que soltar la lucha y la Resistencia que nos atrasa el camino a la aceptación.

            Renovación, es lo que nos permite el renacer, de alguna forma volver a vivir después del dolor. Es muy importante como camino a la aceptación, la etapa de renovación. Para esto tenemos que tener la intención de querer sanar, de querer superar ese dolor intenso que estamos viviendo. Muchas veces, una parte nuestra cree que si dejamos ir al dolor estamos traicionando a la persona que se fue y, por lo tanto, nos aferramos al sufrimiento y nos identificamos con él, ¿Quién soy sin ese dolor? ¿Y cómo puedo dejarlo ir?

En el momento apropiado, que solo lo podemos determinar nosotros, es importante tomar la decisión de querer sobreponernos.  La pérdida (física) es permanente, el sufrimiento transitorio y el dolor lo podemos ir transformando en algo positivo con el tiempo.

            Reflexión, que no necesariamente es la 3ra etapa, sino que es bueno practicarla en todas las etapas, consta de 2 partes, la plegaria y la meditación.

En la plegaria pedimos a Dios, hablamos con Dios (El Universo, nuestro ser Superior, lo que ustedes crean y a lo que se sientan íntimamente conectados). En esos momentos hablamos, pedimos, es nuestro momento íntimo de conexión. En la meditación, escuchamos en silencio, las respuestas o guías de lo que estábamos preguntando en la plegaria. En este dialogo con nosotros mismos, con Dios observamos los sentimientos, los pensamientos, las emociones, sin necesidad de hacer nada con ellos. Poco a poco, al respirar profundamente, nos vamos conectando más y más con nosotros mismos y tendremos la oportunidad de poder observar nuestros pensamientos y emociones.

Finalmente, la etapa del Ritual, esto puede significar muchas cosas, en este caso, significa algo que queremos recordarnos, un mensaje que queremos enviar a nuestro cerebro cuando nos salimos del camino. Para esto aconsejo usar alguna forma de talismán o recordatorio de la persona que queremos evocar.

Yo, por ejemplo, siempre considere a mi padre una persona que era la luz y la alegría del lugar donde el estuviere, con su partida, decidí llevar en mi bolso de mano algo que me recordara de esa virtud hermosa que él tenía, me acompaña siempre una piedrita con la inscripción “Joy” que significa jubilo.

A veces sentimos ese vacío, o tristeza y esa “touchstone” -talismán- actúa como un cable regenerador que nos recuerda que no hay separación en espíritu y que la presencia esta siempre con nosotros. El vacío lo podemos llenar con amor y con las cualidades que esa persona representaba en nuestras vidas.

Por último, como corolario, la importancia de transformar el dolor en algo positivo. Cada uno sabe en su interior como puede transformar la falta, el dolor en algo que trae el bien a sí mismo y los demás. En mi caso es compartir con los seres queridos, con mis clientes, con el mundo, herramientas que nos ayudan a vivir mejor, en el caso de hoy, las del camino a la aceptación.